Jueves 23.05.2013
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Coincidiendo con el año en el que la crisis parece profundizar en la sima más profunda, un pequeño grupo de vecinos de la aldea de Angrois, en la parroquia compostelana Sar, han retomado una antigua tradición: los desfiles de Carnaval.
Han pasado más de dos décadas desde que este lugar de la parroquia de Sar no salía a sus calles con fanfarrias y no aprovechaba el Carnaval para satirizar e ironizar la actualidad del momento por medio de los encuentros de los populares generales que se repiten en los distintos ayuntamientos que circundan Santiago en la zona del Ulla.
Según Andrés Sixto Penas, que dice haber recorrido durante su juventud todos los carnavales de Santiago y los concellos de la redonda, esta nueva iniciativa surgió de un grupo de jóvenes ¿Ayudas? "Ninguna. Sólo el trabajo de los vecinos en solo ocho días Y esto se va a repetir", señala. Al principio, no les creían. Quizás muchos de ellos no habían nacido cuando se celebró el último desfile en la aldea.
El entroido de Angrois no tiene nada que ver con el glamur. El domingo, día 12, combatieron el frío seis generales, dos correos y un coro de veinte personas.
Pero como es habitual en estos casos, los mensajes irónicos a los que nadie escapa no tardaron en aparecer, y si no sirva este viva como presentación:
"Xa levaba moitos anos.
Sen o entroido aparecer. Xuntámonos catro un día para volvelo a facer
Agora na alcaldía non manda Bugallo
Meteusenos Conde Roa e manda moito carallo.
Donde está o noso parque que Bugallo prometeu.
Onde van xogar os nenos. Van xogar ca vía do tren
Co que mandaba antes, ninguén quedou contento.
Meteu aquí o ave, seique o outro ia lento.
Expropiaron a autopista. A coa nova vía do tren como sigamos así annos levar a nos tamén
Pois o que entrou agora. Foi mellos que non viñera. Quérenos levar a feira.
Para terras de Silleda".
Tras la recuperación de los generales en Angrois, en este momento, en el municipio de Santiago esta tradición se celebra en tres parroquias más. Estas son Aríns, Marrozos y O Eixo. Otras zonas, como O Castiñeiriño, que también la llevaban a cabo, perdieron esta popular tradición hace unas tres décadas.
